Quien no a tenido esa experiencia que al probar una especia o el conjunto de estas a tenido algo así como una regresión a la infancia, todos nuestros sentidos son como una caja fuerte de recuerdos.
Lo primero que hacemos al naces es comer, es instintivo y necesario para nuestro desarrollo y principalmente nuestro primer vinculo con nuestra madre. Desde que nacemos, una de las funciones que nos vincula de inmediato con la vida es la alimentación. A partir de que el bebé succiona el pecho de la madre de manera instintiva, comienza también una relación social por medio de la alimentación. El niño percibe el olor y el calor de la madre; más adelante encuentra su mirada, por la cual recibe, por decirlo así, una alimentación afectiva. La calidad de este encuentro tendrá fuertes repercusiones en el futuro de cada persona.
Esta podría llamarse de manera metafórica, que una persona se “alimente” bien de la cultura, de relaciones sanas.
Hay sabores que nos transportan a ciertas etapas de la vida, que nos pueden traer buenos recuerdos. Tener una buena relación con la alimentación nos permite degustar suculentos platillos, sabores y olores, postres y demás; además del valor agregado que significan las relaciones sociales comiendo en compañía. Disfrutar de este vínculo con la vida puede ser sumamente placentero.
Algunas de las recetas que en lo personal representan un viaje al pasado las encontré aquí:
Algunas de las recetas que en lo personal representan un viaje al pasado las encontré aquí:
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| Té helado de fresa |
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